¡Oh alma lejana!
Quién pudiera traspasar
tu límite inmortal
sin querer profanar
más allá de tu umbral
el sacro altar del mañana.
Cuánta paz y amor
cercan tus recios muros,
protegiéndote con furor
de las lanzas del dolor;
mientras la inmensidad,
en tu prisión se abarca
con cerrojos de eternidad.
Mueren las desilusiones
al tocar tus umbrales,
y se retiran tras ellas
las miradas mundanas;
mientras la prosperidad,
en tu existir se colma
vertiéndote suave claridad.
¡Oh alma lejana!
Quién pudiera descifrar
tus ocultos pensamientos
que florecen en silencio
las esperanzas de amar.
Y es allí, en tu lejanía,
donde tus dulces sentimientos
escriben esta eterna poesía.
Nathalia Stella Ayala