Tengo la mirada perdida en la inmensidad del océano. Su magna fuerza se confunde entre el horizonte limitado y la bruma vaga. Aspiro con avidez el aire, ese aire que huele a sal y a luna. Siento cómo las olas, una tras otra, levantan la espuma de mis sueños y ejercen sobre mí su fascinación. Me abrazan... me atrapan... me arrastran hacia su majestuosa morada. Cruzo los umbrales de la gran masa cristalina y me sumerjo. Su plasticidad y su grata temperatura, productos de una corriente cálida, acarician mi cuerpo suavemente. Columnas de arrecifes, en escarpadas espirales con formas de galerías caprichosas y arcadas góticas de vivos colores y extraordinaria belleza, me dan la bienvenida. Me siento deslumbrada por la luz que se refleja en las rocas. Sigo la línea de plata que reverbera entre las algas, iluminándolas.
Mi peregrinación por el vasto y azul universo de Poseidón, me llena de sensaciones jamás experimentadas. Mientras avanzo, entre medusas coronadas por larguísimas cabelleras tan claras como la aurora, va cambiando la perspectiva del paisaje, exaltando cada uno de mis sentidos. Exploro, palmo a palmo, el mundo submarino, habitado por titánicos abismos y seres fabulosos. Me deslizo lentamente, envuelta en el misterio de las profundidades, entre erizos que gravitan sobre mi cabeza gambeteando con destreza las burbujas de aire que escapan por mi boca, y una familia de delfines, que como genios en inagotable sinfonía, me embriagan con su canto.
Durante mi alucinante marcha, observo cómo detrás de una enramada coralina, dos hipocampos curiosos espían el sueño de las ostras. La riqueza del lugar me muestra a las más diversas criaturas en su salvaje furor, el espectáculo me conmueve, se va matizando con el paisaje. Estrellas marinas alineadas una a una me hechizan con su mágica danza, caracolas brillantes y miles de peces de destellantes colores escurriéndose en el fondo.
Mi ansiedad crece, una oleada de alegría resplandece por todo mi cuerpo; hago una pausa y un gran esfuerzo para recuperar el aliento, durante años había soñado este momento. Recorro la escena una y otra vez, suspiro muy hondo. !Es tan clara la visión!. Delante de mí están esas eternas peregrinas, la Ballenas Francas. Saboreo en silencio el rumor y extraño sonido de su resonancia. Vacilante, me atrevo a acortar la distancia que de ellas me separa, flotan a mi lado, me siguen con la mirada, una ternura envolvente nos une.
Estoy agitada... cansada y con resignación melancólica decido el ascenso. Abandono el lugar mientras mis pensamientos se dejan invadir por una emoción extraña. La maraña de imágenes se interrumpen. Me siento entre dos Pléyades que me separan de mi letargo. Me tiro sobre la arena gozando lo vivido como una caricia divina.
Angie Ayllen Flores
Del libro:
"Pensamientos en soledad"
I.S.B.N.: 98743-5728-2 Edición 2003
Prohibida su reproducción sin autorización expresa.
Reservados todos los Derechos de Autor.
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Música: Burbujas de amor (Juan Luis Guerra)
 
 


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