La recámara está en semipenumbra.
A la izquierda de su computadora, todos los textos impresos. Sobre ellos y más allá, un cúmulo de sensaciones. El análisis se consume con el fuego de las velas del último Shabat.

La intuye sobre la cama. La desea. Desea cada silencio o roce de su cuerpo contra las sábanas.
Le hace gemir el dolor de no poder acariciar su pelo, toda su anatomía. La saliva imaginaria que recrea, hilándose en sus labios, la transforma en lienzos mentales.
Su imágen le hace transitar desde una sencillez elemental, infantil, edénica, hacia abismos sin fondos, como si su imágen lo aglutinara todo.

Todo trascurre en su mente.
Mientras, crujen sus dolores los leños y los estallidos levantan columnas de chispas; como luz yerma delinean el fantasma de su figura contra la pared y cual escenas absurdas se extinguen en soledad.

Se lleva la mano a la frente y comienza su letanía compulsiva:
"Demonios, Demonios..."
repetitivamente, maníaco, como si esa palabra fuera un dios al que alabara en un ritual.

Con ojos pequeños, busca los desperdicios de su borrachera. Esos vidrios verdes y marrones que a la luz de la resaca y el flujo de los haces en la penumbra se transmutan en fibras ópticas, que en lugar de dispersar y categorizar los fotones dispersan y categorizan los sueños.
Botellas y botellas de alcohol, generando, gestando   millones de sueños que se iluminan como santos o mártires y se esparcen por todo el dormitorio.

Está tan confundido que los sueños no le dejan sumirse en las estupideces que envuelven su vida y en las que incluso él, algunas veces, tiene la desfachatez de situarse en el centro.

Sacudido por su pesadilla pierde la conciencia en las entrañas del sueño, encogido como un feto el cuerpo al borde de la cama, con la imágen de ella, arrastrado por la marea vacía del tiempo y los ecos agonizantes de sus sueños que se clavan como estiletes en los paréntesis de su encierro.


Angie Ayllen Flores               

Del libro: "Secretos del alma"
Prohibida su reproducción sin autorización expresa.
Reservados todos los Derechos de Autor.






Música: 1000 mundos.




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